Conociendo las reglas del juego

La puesta de límites en la edad preescolar

 

El camino que los padres recorren junto a sus hijos en el proceso de crecimiento, está lleno de alegrías, descubrimientos, sobresaltos y también preguntas, temores. En este proceso una de las dudas que surgen se enfoca al tema de los límites. Los padres en general consultan acerca de la manera en que se “deben” establecer los límites para con sus hijos, ante qué situaciones deben hacerlo y cómo reaccionar frente a la natural resistencia que ponen los pequeños a estos límites. El propósito de estas líneas no es mostrar la forma “correcta” de actuar, sino poder hacer un aporte que sirva de insumo a la hora de poner en práctica estas necesarias pautas para el desarrollo saludable de sus hijos.

El primer punto a destacar en el tema del establecimiento de límites es que es un proceso absolutamente necesario y ante el cual no se debe dudar si ponerlo en práctica o no: el niño necesita y demanda límites para poder crecer de forma sana. Cuando hablamos de límites no nos estamos refiriendo únicamente a decir “no” ante aquellas situaciones que identificamos como potencialmente peligrosas o inconvenientes para los niños, hacemos referencia a un concepto mucho más amplio que abarca además todas las reglas de convivencia. En general podríamos definir los límites en términos de las reglas que se establecen para que el niño pueda desarrollarse y crecer en un entorno seguro, habilitante y potencializador de sus capacidades.

Muchas veces el imponer estas reglas genera una situación de enfrentamiento entre el padre y el niño, dado que este último, especialmente en la etapa preescolar, se encuentra descubriendo el mundo que lo rodea y por ello en permanente actitud de prueba frente a la cosas que no conoce. Es así, que los padres son quienes tienen que mostrarle que no pueden jugar en la calle o no pueden pegarle a su hermano, ni tampoco comer sólo galletitas y helado. Muchas veces esto genera en los padres un sentimiento de culpa, porque piensan que le están prohibiendo de disfrutar de algunas cosas, o que le están generando una angustia al niño. En la actualidad, esto se ve un tanto acrecentado, dado que los padres se ven forzados a pasar más horas fuera de la casa debido al trabajo, y sienten que el tiempo que están con ellos, están negándole cosas y diciéndoles “no”. Es importante que los padres puedan visualizar que esto no es así, los límites son las pautas que el niño necesita incorporar para poder crecer y desarrollarse conociendo cuáles son las cosas que le hacen bien y cuáles no. Si lo pensamos de esta forma, podemos ver cuán necesarios se tornan entonces, ya que les permiten conocer cuales son las “reglas del juego” y poder jugarlo sintiéndose seguros y contenidos. Cuando un padre pone límites a su hijo le está demostrando interés por su bienestar, lo está cuidando y le está marcando un camino para que pueda crecer más feliz, en otras palabras, poner límites también es una forma de dar amor.

Cuando le mostramos a los niños cuáles son las reglas, le estamos dando una guía para que ellos sepan hacia dónde y cómo pueden avanzar, lo podemos visualizar como el tutor que muchas veces se le pone a las plantas, y que no afecta en nada su potencial para crecer, sino que por el contrario, les permite crecer de la mejor manera y más bellas aún. En este sentido debemos pensar en los límites como habilitantes del crecimiento y desarrollo de los hijos, y no como coartante de su libertad para conocer y experimentar. Un niño que sabe cuáles son las cosas que puede y que no puede hacer, se siente libre para poder jugar, pensar, preguntarse, experimentar dentro del marco que sus padres le han transmitido como seguro, y no siente la responsabilidad de tener que elegir qué es lo mejor para sí. Esto es un aspecto importante, dado que a veces se tiende a conceder al niño la posibilidad de decidir sobre su desarrollo, en el entendido de que esto fomenta su independencia y su autonomía, lo cual es un error, dado que le genera al niño la responsabilidad de decidir con el acotado conocimiento que aún tiene del mundo. Más allá de liberarlo de la angustia que le provoca el que decidan por él, de acuerdo a lo que muchas veces se piensa, lo que efectivamente puede generarle angustia es el tener que discernir la mejor opción, responsabilidad que a su corta edad no le corresponde.

Resulta muy positivo, por el contrario, poder marcar los límites para cada situación en función de no solamente mostrarle aquello que no puede hacer, sino conjuntamente mostrarle todo lo que sí puede. Es decir, no solamente decirle “no juegues con eso”, sino plantearle “no juegues con eso, porque te puede lastimar, puedes jugar con esto, con esto otro o aquello y si quieres podemos jugar juntos luego”. Así, les mostramos que no se trata de que no pueden hacer un montón de cosas, sino que entre todas las cosas que pueden hacer, hay algunas que no son buenas para ellos. De esta forma no abusamos de la palabra “no”, ya que si la utilizamos indiscriminadamente y en toda situación pierde su valor y su poder de evitar determinadas conductas o acciones, pasando a ser “lo que siempre dice papá o mamá”;

En función de todo lo dicho anteriormente, es que podemos pensar en los límites como pautas positivas para el desarrollo de sus hijos y no como negaciones constantes a su posibilidad de experimentar. Es bueno que los padres puedan acordar en cuáles son estas pautas, y de esa forma no incurrir en contradicciones que muchas veces se dan cuando uno de los padres le permite hacer algo y el otro no, ya que esto genera en el niño una confusión sobre si eso que quiere hacer es bueno o malo para él. Por ello la coherencia de lo que se le plantee al niño es muy importante, no sólo entre ambos padres, sino con lo que dice un mismo padre en diferentes momentos. Es decir, si yo le planteo que no es bueno quedarse a mirar televisión hasta las 12.00 y luego se lo permito porque hay algo que le gusta, tengo que dejarle en claro que se trata de una excepción por esa vez en particular, pero que seguimos pensando que no es bueno que se quede levantado hasta tan tarde.

 El poder establecer una buena comunicación con los hijos, también tiene que ver con poder transmitirles pautas claras y poder contarles por qué no queremos que hagan esto o aquello, sin necesariamente tener que sentirnos obligados a responder a todas sus demandas, ya que si bien es bueno poder explicarles las razones de lo que decimos, no siempre pueden entender estas razones, en función de su conocimiento. Además es importante la firmeza con la cual los padres fomenten su cumplimiento, firmeza que viene del convencimiento de que lo que estamos planteando es una pauta necesaria para su crecimiento, y por eso debe cumplirse. Por lo tanto, como padres, antes de mostrarle a su hijo cuáles son las reglas del juego, estén convencidos de cuáles quieren que sean esas reglas y estén dispuestos a mantenerlas a través de berrinches y llantos, dado que forma parte del proceso para que sus hijos puedan luego internalizarlas, y de esa forman jugar el juego del crecer, no sólo dentro de la familia, sino que puedan darles las fichas para que, en su intercambio con el mundo, puedan jugar de forma segura y feliz el juego de la vida.

 

Lic. Jimena Acosta
                   Psicóloga